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Friday, August 13, 2021

El filósofo del metro dice:

 Adiós a la policía financiera;

Bienvenido lo que tenga que venir


Por la pandemia, el FMI ha tenido 

que modificar sus caducas recetas


Roberto Fuentes Vivar*


Lo que sucedió esta semana cuando el Fondo Monetario Internacional (FMI) anunció que disponía de 650 mil millones de dólares en derechos especiales de giro para ser utilizado por sus 184 países miembros parece ser algo que va más allá de simples préstamos, pues implica una especie de cambio radical de este organismo multilateral.

Primero que nada hay que señalar que desde hace más un año varios países, entre ellos Argentina, solicitaron al FMI que se convirtiera en una especie de organismo que ayudara a financiar la reactivación económica mundial y, por la pandemia, modificara sus estrictas reglas de policía monetaria global.

La solicitud fue atendida y la semana pasada la directora gerente del organismo, la húngara Kristalina Georgieva, informó que se disponía de una enorme cantidad de recursos para reactivar la economía global y de los países miembros.

Hay que señalar que Georgieva ha considerado en varias ocasiones que América Latina ha sido una de las regiones más afectadas por la pandemia y ha reconocido, a diferencia de sus antecesores, la importancia de los programas para dotar de dinero en efectivo a las familias más vulnerables, como lo han hecho México, en primer lugar y otros como Argentina y Paraguay.

De hecho, estos dos eventos, que los países puedan disponer de dinero del fondo para sus economías sin tener que cumplir las recetas que antaño imponía el organismo y que se reconozcan los apoyos a la población más vulnerable por encima del financiamiento a las empresas, parecen ya constituir un cambio en las políticas de esta institución que durante seis décadas atosigo a los países para que impusieran al pie de la letra sus recetas.

Concretamente también parece ser que esas recetas podrían cambiar luego de que varios países como México, Argentina y seguramente Chile, tras la redacción de su nueva constitución, por mencionar solo algunas de las naciones latinoamericanas, han señalado abiertamente que ya no aplicarán las sugerencias del fondo a rajatabla como ocurrió durante más de setenta años.

Aquí en México, el presidente Andrés Manuel López Obrador dio la bienvenida al dinero que le corresponde, poco más de 12 mil 200 millones de dólares, pero fue muy claro al señalar que definitivamente no aceptará las recetas del FMI.

Dijo: no tenemos ningún pleito con el Fondo Monetario Internacional, sólo que no estamos de acuerdo en sus recomendaciones. Por el contrario, agregó, “continuaremos con una política distinta, de no endeudar al país para rescatar a los potentados, con la idea peregrina, con el sofisma de que si llueve fuerte arriba, gotea abajo, lo cual es una tomadura de pelo”.

Dentro de esta actitud soberana, el presidente señaló que se empleará parte de esa línea de crédito para hacer pagos anticipados a la deuda externa, la cual creció marcadamente en los dos sexenios anteriores. En su mañanera explicó que en el primer año de su administración se bajó el porcentaje de la deuda pública a 44 por ciento del PIB, pero con la crisis vinculada a la pandemia subió hasta 52 por ciento y ahora se ubica en 49 por ciento y recordó que en las administraciones de Felipe Calderón y de Enrique Peña Nieto la deuda se duplicó. “Yo no quiero eso –a pesar de la pandemia– no quiero el doble”.

Las declaraciones del presidente inmediatamente fueron rechazadas por los economistas conservadores o neoliberales, quienes aseguraron que este dinero no podría ser utilizado para reducir el porcentaje de la deuda pública. Incluso hasta el vicegobernador del Banco de México cercano a la IV Trasformación, Gerardo Esquivel rechazó esa posibilidad.

Sin embargo algunos organismos, como el Instututo Méxica de Ejecutivos de Finanzas, una institución creada por los directors financieros de grandes empresas nacionales y extranjeras, señalaron que era buena idea disponer de esos recursos para amortizar el endeudamiento, puede fortalecer la economía mexicana.

El dinero del Fondo Monetario Internacional, en caso de aceptarse, sería entregado al Banco de México para fortalecer las reservas internacionales, pero también, de acuerdo con la autonomía de cada país y como lo ha hecho ya Argentina en sus negociaciones con el Fondo, puede utilizarse para otros fines, incluyendo el pago anticipado para reducir deuda externa.

De acuerdo con el presidente mexicano y también con los directivos del Banco de México, las reservas internacionales se encuentran en un buen nivel por lo que no necesitan apuntalarse, pero sí hay programas que requieren financiamiento.

Si este dinero se utiliza en cada país para atender sus prioridades, el mensaje global será muy claro: un adiós a las recetas del Fondo Monetario Internacional y, por ende, del neoliberalismo salvaje. Seguramente tras la pandemia tendrá que modificarse el papel que este organismo ha jugado en la economía de los países en desarrollo.

Die el filósofo del metro: Adiós a la policía financiera; bienvenido lo que tenga que venir


*Comentario para Raadio Educación/ 13 de  agosto de 2021

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