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Friday, October 11, 2013

El filósofo del metro dice:

Con los indios la
muerte tiene permiso

En 40 años nada cambió


Hoy se celebra el día internacional de la Niña y las cifras que da a conocer el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) son alarmantes. En síntesis, un millón 300 mil niñas y adolescentes menores de 18 años trabajan y tres de cada cinco de ellas “cubren una triple jornada, ya que combinan el trabajo con la realización de quehaceres domésticos y estudios”.

Además, otro 31.2 por ciento trabaja y realiza quehaceres en casa, pero no asiste a la escuela. Otro dato es que la mitad de las niñas y adolescentes de 5 a 17 años que trabajan no recibe ingreso o su pago se da en especie y de las que sí perciben ingreso, una de cada tres recibe hasta un salario mínimo.

Pero quizá el asunto más grave es de las niñas indígenas, pues según un estudio de la fracción parlamentaria del PRD de la Cámara de Diputados las casi tres millones de niñas indígenas que hay en el país son explotadas laboralmente, incluso a través de la trata de personas.

Por eso, se casan en promedio a los 15 años e inmediatamente comienzan su vida reproductiva. Eso cuando pueden, pues el porcentaje de hijos fallecidos en las zonas indígenas es el doble que a nivel nacional.

Todo esto tiene relación con dos noticias que aparecieron esta semana. La primera fue hace casi una semana y en ella se dio a conocer que una indígena mazateca, Irma López Aurelio, tuvo que parir en el jardín de un centro de salud de Jalapa de Díaz en Oaxaca por la negligencia del personal médico. Según Proceso, el expediente de la indígena fue desaparecido.

El asunto fue difundido por las redes sociales y posteriormente pasó a las primeras páginas de los diarios hasta convertirse en un escándalo, sobre todo por la fotografía que presenta a la indígena pariendo en los patios del hospital, al no ser atendida por los médicos.

Inmediatamente después, otra indígena, Cristina, dio a conocer que le había ocurrido lo mismo apenas el 18 de julio de este año en el mismo hospital.

Los casos son graves y han merecido la atención de organismos de derechos humanos nacionales e internacionales. Aquí, déjenme hacer referencia a algo que personalmente me sucedió hace 40 años, cuando estaba en viaje de prácticas en San Andrés Chicahuaxtla, en la zona triqui de Oaxaca.

Una noche, afuera del dispensario médico operado por la iglesia católica, una indígena triqui iba a dar a luz, pero el niño venía en mala posición, por lo que debía ser atendida en un hospital. Se trataba de una niña de 15 ó 16 años cuando mucho.

El sacerdote subió a la parte trasera de una camioneta pick up a la niña indígena y a su madre y yo, como reportero incipiente, me subí a la camioneta. Fueron casi dos horas de atravesar una terracería hasta llegar a Tlaxiaco. Ahí, en dos hospitales no quisieron atender el parto, porque se trataba de una indígena. Incluso me comprometí a pagar a los doctores que la atendieran haciendo una colecta entre mis compañeros al día siguiente. Pero ni así la quisieron atender.

Estábamos en una gasolinera para ir hasta la ciudad de Oaxaca, cuando el parto se aceleró y el niño nació muerto y la madre quedó con media placenta adentro y peligraba su vida. Al feto lo metimos en una caja de aceite y la madre, ahora sí fue atendida de urgencia en una clínica del instituto nacional indigenista.

Han pasado 40 años y nada ha cambiado. ¿Será una política de exterminio para regular la natalidad indígena? No lo sé, pero sí es cierto que las niñas y mujeres indígenas son el escalón más alto en marginación. Como dice el filósofo del metro: con los indios la muerte sí tiene permiso.

*Comentario para Radio Educación/ 11 de octubre de 2013

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