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Friday, September 22, 2017

El filósofo del metro dice:

El sismo abrió una herida que 
apenas comenzaba a cicatrizar

Falta mucho para el 
recuento de los daños

Roberto Fuentes Vivar*

Todavía es demasiado temprano para hacer un recuento económico de los daños ocasionados por el sismo del pasado martes 19 de septiembre. Lamentablemente en estos momentos hay demasiada especulación informativa, por lo que es difícil conocer la realidad de las afectaciones.
Sin embargo sí hay algun indicios de que la gravedad de los daños puede ser significativa.
En este sentido, por ejemplo, ayer Banamex dio a conocer un que si bien el terremoto afectó a una región relevante para la actividad económica en todo el país, tres estados que representan casi 30 por ciento del Producto Interno Bruto nacional, los efectos económicos serán limitados
Concretamente menciona que la afectación del terremoto en la economía nacional representará entre 0.3 y 0. 4 por ciento de la actividad económica del tercer trimestre para significar finalmente 0.1 por ciento del Producto Interno Bruto de este año, es decir algo así como 22 mil millones de pesos.
Banamex hace este cálculo principalmente por la afectación económica que significan los días no laborables y algunos otros daños, pero no se refiere a la catástrofe en sí misma. En este sentido, hasta el momento la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros no ha emitido todavía su opinión sobre los daños.
Desgraciadamente sí existen muchos daños económicos. Esta mañana por ejemplo, El Universal mencionaba que había 2,470 casas colapsadas en seis entidades, además de cinco mil escuelas dañadas, aunque no señala la fuente de esa información.
En este sentido, una asociación de ingenieros, que cuenta con 22 brigadas que se han puesto al servicio de los ciudadanos para revisar inmuebles, calcula que hay, tan solo en la ciudad de México, tres mil edificios que se encuentran en malas condiciones y que presentan fisuras graves en muros, columnas y trabes.
Estamos hablando de que entre escuelas y edificios de viviendas habría más de cinco mil construcciones que presentan daños,
Lamentablemente, hay, como sucedió en el terremoto de 1985, una triple visión de cómo enfrentar los daños.
Hay desde luego una gran cantidad de edificios de lujo -incluso nuevos- que fueron afectados y cuyos propietarios seguramente los tenían asegurados, por lo que no tendrán problemas para su reconstrucción.
Por otra parte están las casas de la clase media –muchas construidas en las décadas de los setentas y ochentas- que en su mayoría no se encuentran aseguradas, por lo que los propietarios tendrán que enfrentar los gastos de sus bolsillos o recurriendo a créditos bancarios. Sería deseable que los bancos mostraran solidaridad para apoyar el financiamiento de la reconstrucción con bajos intereses.
Un tercer segmento es el de las casas de personas de escasos ingresos que no cuentan con seguros ni siquiera con la posibilidad de obtener un financiamiento bancario, por lo que definitivamente perdieron su patrimonio y tendrán que rehacerlo aún con sus propias manos y el dinero que recauden entre familiares y amigos. En este caso hay muchas viviendas no sólo en el Distrito Federal, sino en zonas urbanas de Puebla y Morelos. Ahí es en donde se necesitarán aplicar los seis mil millones de pesos del Fondo Nacional de Desastres y de los 150 millones de dólares de bonos de Catástrofe del gobierno federal.  Desde luego, lo más seguro es que en las próximas semanas se reacomode el Presupuesto de Egresos para 2018 con nuevas asignaciones para la reconstrucción.
Antes de terminar quisiera referirme brevemente al papel que ha jugado el empresariado mexicano en esta emergencia nacional. Casi todas las grandes empresas han anunciado donativos o apoyos, pero muy pocas han estado a la altura de la situación. Por ejemplo, las grandes empresas farmacéuticas y cadenas de farmacias deberían estar surtiendo medicamentos, los enormes consorcios que tienen una infraestructura logística, como Bimbo, FEMSA, Coca-Cola y muchos más podrían poner sus transportes para distribuir ayuda.
Aquí permítanme concluir con una experiencia personal de la visión de los empresarios. El mismo día del temblor fui testigo de cómo un empresario pedía a sus trabajadores que regresaran a las labores a pesar de que el edificio mostraba una cuarteadura, en su entrada, de más de tres metros de largo y 10 centímetros de profundidad. El portero se negó a abrir y más tarde los elementos de Protección Civil diagnosticaron que el edificio necesitaba algunas acciones urgentes de reconstrucción.

En síntesis, el recuento de los daños económicos tardará todavía algún tiempo en conocerse. Ojalá el sector empresarial esté a la altura de la solidaridad que merece la sociedad. Dice el filósofo del metro: el sismo abrió una herida que apenas comenzaba a cicatrizar.
Comentario para Radio Educación/22 de septiembre de 2017

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