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Friday, September 28, 2018

El filósofo del metro dice:

La letra chiquita siempre 
es grande en compromisos

Los acuerdos con EU, negativos 
para la mayoría de los mexicanos

Roberto Fuentes Vivar*


Se supone que hoy por la tarde o a más tardar el domingo los gobiernos de México y Estados Unidos entregarán a sus respectivos legisladores, el documento del acuerdo comercial que negociaron, sin Canadá, hace unas semanas.
La idea es que el acuerdo se firme en noviembre, antes de que termine el gobierno de Enrique Peña Nieto. El problema es que tanto Estados Unidos como el gobierno de México esperaban que se llegará a un principio de acuerdo con Canadá, antes de que el documento se entregara a los legisladores.
Sin embargo, el gobierno de Justin Trudeau ha mostrado que es independiente y no ha sucumbido a las presiones de Donald Trump, como sí lo hicieron los negociadores mexicanos encabezados por Luis Videgaray e Ildefonso Guajardo.
Y aquí surgen varias preguntas: ¿qué pasaría si de último momento Canadá llegara a un pacto con Estados Unidos? Pues seguramente tendría que modificarse el contenido antes de que los gobiernos presenten los documentos para su aprobación en los respectivos poderes legislativos.
Otra pregunta, ya muy concreta de nuestro país ¿qué pasaría si el senado de la República, ahora en manos de la oposición a Enrique Peña Nieto decide rechazar los documentos? En este caso se tendrían que volver a comenzar las negociaciones y se haría patente un fracaso tanto de Donald Trump como del actual presidente mexicano.
Concretamente, si en efecto hoy se presentan todos los documentos negociados con Estados Unidos al Senado de la República, será la primer oportunidad que tendremos los mexicanos de conocer la letra chiquita de los acuerdos alcanzados, pues hasta la fecha lo que se conoce es sólo lo que los negociadores han dado a conocer y algunos aspectos generales que han dado a conocer líderes sectoriales.
Lamentablemente, los acuerdos de libre comercio han afectado a México de tal manera que, de acuerdo con la información del INEGI dada a conocer ayer, el déficit comercial del país fue de 2,590 millones de dólares en agosto y en los primeros ocho meses del año llegó a más de 10 mil millones de dólares, lo que para muchos puede significar la base para una bancarrota, pues compramos más de lo que vendemos.
En este sentido, en principio, hay por lo menos tres aspectos que pueden considerarse negativos de los acuerdos con Estados Unidos y que deberán estudiarse a fondo antes de que el senado los ratifique, porque tienen que ver con dos áreas sensibles para los mexicanos: la alimentación y la salud.
En el primer punto, se encuentra el maíz. Tras el acuerdo seguirán llegando a México enormes cantidades de maíz y jarabe de alta fructosa estadounidense, con el consecuente desplazamiento de los productores mexicanos.
En este sentido hay que señalar que los maiceros (alrededor de tres y medio millones de mexicanos que viven del cultivo del maíz) han manifestado su rechazo al acuerdo por dos razones. La primera que se sintieron utilizados pues los negociadores mexicanos amenazaron con prohibir las importaciones estadounidenses, pero finalmente acataron las directivas de Donald Trump. La otra es que en las negociaciones quedaron fuera las diferencias de precios entre maíz blanco y amarillo, lo que afecta gravemente a los productores mexicanos.  
En términos generales todos los productores de granos (cuatro millones de mexicanos) están descontentos porque en las negociaciones se privilegiaron solo los intereses de unos cuantos exportadores y no de los campesinos nacionales.
Otro de los temas graves es el de la salud. Y este es un tema crucial, pues por una parte, Videgaray y Guajardo aceptaron que se prohíba el etiquetado frontal en el cual puede alertarse al consumidor sobre las consecuencias de ingerir un producto, lo que significa condenar al país a ser una nación de obesos y malnutridos.
Pero quizá el asunto más grave es que las autoridades mexicanas aceptaron prorrogar por 10 años más las patentes de la industria farmacéutica biotecnológica, lo que será un golpe fuerte para la salud de los mexicanos. ¿Por qué?, porque para que la industria mexicana pueda fabricar un producto genérico tendrá que esperar 10 años más lo que encarecerá los medicamentos a favor de las grandes empresas transnacionales farmacéuticas estadounidenses,  afectando la calidad de vida y los bolsillos de los mexicanos, así como las finanzas de las instituciones de salud.

En síntesis, este fin de semana y muy probablemente hoy mismo, se tendrá que dar a conocer a detalle el acuerdo entre México y Estados Unidos firmado el 27 de agosto. Seguramente se verá que los compromisos adoptados por Videgaray y Guajardo no son tan positivos como lo han dicho ellos mismos. Dice el filósofo del metro: la letra chiquita siempre es grande en compromisos.

*Comentario para Radio Educación/28 de septiembre de 2018

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