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Friday, May 01, 2020

El filósofo del metro dice:

La clase empresarial
no tiene clase;
la clase media
no tiene medios; 
y la clase trabajadora
no tiene trabajo.

Un día del trabajo en el que
los obreros quedaron mudos

Roberto Fuentes Vivar*


Hoy es el día del trabajo y por primera vez en la historia no hay manifestaciones en las calles.
Las grandes concentraciones de París, Berlín, Roma o Barcelona, en Europa, de Detroit, Chicago o los Angeles, en Estados Unidos, o de las grandes capitales de América Latina no existen.
Un microorganismo, llamado Covid 19 o Cornavirus las mató.
Es un primero de mayo virtual, en el que las consignas para defender a los trabajadores circulan en las redes sociales.
Los manifiestos se pasean por Facebook, WhatsApp, twitter.
Y es el día del trabajo en el que el sector laboral en todo el mundo se encuentra más desarticulado que nunca.
Los sindicatos, las  uniones, las centrales de trabajadores están mudas, en uno de los peores momentos de la historia de la lucha obrera, cuando a nivel mundial existen cálculos de la Organización Internacional del Trabajo de que casi 200 millones de trabajadores perderán su empleo por el Coronavirus.
El movimiento obrero internacional está desarmado, sin una voz que levantar ante las arbitrariedades patronales.
Y aquí en México, vivimos un primero de mayo en el que la nueva reforma laboral aún no termina de consolidarse y probablemente no lo haga nunca tras las consecuencias que dejará a la economía una epidemia que ha tomado al mundo obrero por sorpresa.
Estamos en el primer día del trabajo en el que Óscar Chavez no está vivo para acompañar a los sindicatos en sus luchas.
En el que al menos dos nuevas confederaciones intentan aglutinar trabajadores bajo los recientemente aprobados esquemas laborales, pero cuyos dirigentes son ampliamente cuestionados: Napoleón Gómez Urrutia y Pedro Haces. En el que algunos sindicatos independientes buscan fortalecer su Nueva Central de Trabajadores, mientras que las viejas centrales afiliadas al Partido Revolucionario Institucional, como la CTM, aún no terminan de morir y siguen manejando su fuerza a través de alianzas con el sector patronal.
Estamos en un primero de mayo en el cual cientos de miles de trabajadores son obligados a laborar en condiciones de extrema fragilidad, expuestos a la violencia, como los médicos y las enfermeras que son agredidos por personajes dominados por la ignorancia.
Como los periodistas que sin ningún apoyo ni protección son enviados a las calles ante el temor cotidiano de ser contagiados por el virus o agredidos por intereses inconfesables de políticos, grupos de poder o miembros del crimen organizado.
Como los trabajadores de Ricardo Salinas Pliego que para satisfacer su avaricia no le importa poner en riesgo la vida de sus empleados.
Como los trabajadores de las maquiladoras que son obligados a acudir a las plantas, bajo amenazas y en ocasiones hasta casi encadenados a sus centros de labor.
En México, estamos ante un sector laboral, destruido, víctima de tres desastres: el que dejaron las anteriores administraciones cuando se crearon condiciones para una sobreexplotación que ocasionó varios récords mundiales como el de ostentar uno los primeros lugares del mundo en bajos salarios.
Un segundo desastre, el del mercado laboral destruido con una economía informal que representa prácticamente una de cada dos fuentes de empleo en algunos sectores.
El tercero es el actual, el inmediato, en el que nadie sabe si mañana, cuando termine el confinamiento tendrá empleo. Si formará parte de los trabajadores despedidos por el Coronavirus y tendrá que engrosar las filas de la informalidad.
Los cálculos de la propia Organización Internacional del Trabajo indican que en nuestro país siete millones de mexicanos perderán el empleo. ¿Cuántos de ellos tendrán que incorporarse al sector productivo con salarios más bajos que las que tenían? ¿Cuántos ingresarán al trabajo informal? ¿Cuántos perderán las prestaciones de las que gozaban? ¿Cuántos se incorporarán como trabajadores independientes? ¿Cuántos trabajadores sindicalizados habrá después de esta pandemia? Nadie lo sabe. Son preguntas sin respuesta
Estamos en un primero de mayo en un escenario en el que nadie se atrevía a pensar que un microorganismo podría destrozar el mercado de trabajo.
En un primero de mayo en el que las calles están desiertas, ausentes de consignas y reivindicaciones laborales. Es un día del trabajo virtual, en el cual los obreros tuvieron que callar la voz que durante años les dio la unidad.
En un primero de mayo de incertidumbre, de nostalgia por la marcha, la manifestación, el grito.
Es un primero de mayo insólito, que los mártires de Chicago nunca se atrevieron a pronosticar.
Es el primero de mayo de 2020 y los grupos empresariales siguen insistiendo en que el Gobierno los beneficie por sus supuestas pérdidas por la contingencia sanitaria, sin importarles las condiciones de sus trabajadores.
Es el día del trabajo en medio de la crisis del coronavirus y el filósofo del metro recuerda una frase: la clase empresarial no tiene clase, la clase media no tiene medios y la clase trabajadora no tiene trabajo.

*Comentario para Radio educación/ 1 de mayo de 2020

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