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Saturday, October 31, 2020

El filósofo del metro dice:

 La seguridad es prioridad

lo de más es lo de menos


Asesinan a otro periodista en 

medio del relevo en la SSPC


Roberto Fuentes Vivar*


Esta mañana el presidente Andrés Manuel López Obrador confirmó la renuncia de Alfonso Durazo como secretario de Seguridad y Protección Ciudadana y propuso como sucesora  a Rosa Icela Rodríguez, quien es actualmente la coordinadora de Puertos y marina Mercante.

Pero curiosamente, en el momento en el que el presidente acepta la dimisión y se comienza a difundir la carta de renuncia de Durazo, se registra un nuevo asesinato a un periodista. Se trata de Arturo Alba Medina, de Telediario en Multimedios Televisión quien según las primeras indagatorias fue ultimado, a balazos, luego de haber participado en su noticiario nocturno en Ciudad Juárez.

Durazo, quien dimitió para contender por la gubernatura de Sonora, estado vecino a Chihuahua, en donde se registró el asesinato del periodista Alba Medina, señala en su carta que “hemos ido dejando paulatinamente atrás los días más negros de la inseguridad. Nuestro país registra ya una disminución sensible en 13 de los 17 rubros de la incidencia criminal que afectan más directamente a la población, como robo de vehículos y a casas habitación, secuestro, asalto a transeúntes, entre otros.

Menciona que en 2019 se logró un punto de inflexión en el número de homicidios dolosos y asegura que el crimen organizado ha sido privado de lo que hasta hace poco se había considerado su territorio; hemos despojado a los grupos criminales de su capacidad para retar al Estado mexicano.  Ello no significa, dice,  que no enfrentemos problemas con las organizaciones criminales, significa tan solo que su capacidad es ahora insuficiente para retar al Estado.

Lamentablemente, la muerte del periodista desmiente que el crimen organizado haya dejado de considerar su territorio a buena parte del país y confirma que, por lo menos en el caso de los asesinatos a comunicadores no se ha logrado revertir o atenuar ese delito.

De hecho, en Chihuahua, suman 23 periodistas asesinados desde el año 2000, incluyendo en más mediático de todos, el de Miroslava Brecht, la corresponsal de la Jornada en el estado, en el cual el gobierno local ha hecho poco o nada para su esclarecimiento.

En general, los números de los periodistas asesinados no son uniformes, pues algunas organizaciones nacionales o extranjeras dan cifras que a veces no coinciden con otras. Sin embargo, puede señalarse que en este año, a pesar de la pandemia, han sido asesinados seis periodistas. El anterior a Alba fue el periodista Valdivia de Córdoba en Veracruz.

En lo que va de este sexenio han sido victimados 18 comunicadores y en los más recientes 20 años, 152. Si se analizan las cifras puede observarse que sí hay una ligera reducción en el número en este año. Sin embargo el asesinato del periodista Alba en Ciudad Juárez, parece enviar un mensaje en el sentido de que no debe cantarse victoria, en uno de los delitos que más daña la imagen de las autoridades, precisamente por su exposición mediática.

Y aquí vale la pena hacer una reflexión ¿a quién corresponde la investigación de los asesinatos de periodistas?  Se trata en términos generales de un delito del fuero común, es decir de las autoridades locales en donde se cometió el homicidio salvo en los casos en que son atraídos por el fuero federal.

De acuerdo con diversas investigaciones, alrededor del 90 por ciento de los asesinatos a comunicadores permanece bajo la jurisdicción de las autoridades locales y estatales y menos del 10 por ciento han sido investigados por el fuero federal.

Lamentablemente, los organismos internacionales de periodistas y muchos  nacionales de escasa representatividad, atribuyen la responsabilidad al gobierno federal y concretamente al presidente de la República. Incluso algunas de estas organizaciones globales parecen estar más enfocadas a intentar desaparecer las conferencias de prensa mañaneras porque según ellas ahí se estigmatiza a los comunicadores, que a presionar porque se esclarezcan los asesinatos.

En este entorno resulta interesante que el presidente haya nominado a Rosa Icela Rodríguez como sucesora de Alfonso Durazo en la Secretaría de Seguridad, pues ella como periodista de origen puede tener una mayor sensibilidad para atender los casos, federales, de asesinatos de periodistas.

Nada más sobre este nombramiento vale la pena mencionar un dato curioso: en 1997 el también periodista Eduardo Huchim, escribió una novela, creo que es la única, llamada Las Conjuras y editada por Grijalbo Mondadori. En ella, hace 23 años, prevé el triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador en la presidencia de la República y menciona precisamente a Rosa Icela Rodríguez, en la novela creo que secretaria del medio ambiente,  como posible heredera de la silla presidencial.

En fin, ojalá la llegada una periodista a la secretaría de Seguridad, sí ayude a sensibilizar sobre los asesinatos a comunicadores, porque definitivamente se ha convertido en un delito altamente nocivo para la salud política de México y para las autoridades federales, es decir la Fiscalía general de la República y las locales, poco han hecho para el esclarecimiento de los casos.

Dice el filósofo del metro: la prioridad es la seguridad, lo demás es lo de menos.


*Comentario para Radio Educación/ 30 de octubre de 2020

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